(La “Educación Creadora” establece unas condiciones en las que el juego es una oportunidad para investigar y disfrutar del trabajo, para conocer y romper límites, para encontrarse con lo que somos y establecer relaciones al margen de la competición y la comparación-. Desde nuestra primera experiencia en el taller de juego en el 96, hemos ido trasladando estas condiciones a diferentes ámbitos y practicando la tarea de asistencia en diferentes contextos) Dice resumiendo, algo así:

 

* Para que se dé un proceso que incorpore las necesidades, los deseos y las capacidades de la persona; para que un aprendizaje responda a necesidades internas y recoja del exterior sólo lo que necesita; para que se dé un juego que nos permita crecer y aprender de manera ilimitada, son necesarias unas condiciones de autonomía donde las personas nos sintamos seguras. Unas condiciones donde cualquier persona pueda desplegar sus capacidades al máximo. Las experiencias que se dan en estas condiciones devienen comportamientos en la vida cotidiana.

 

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El educador que asiste

El conocimiento sobre los procesos de crecimiento y la confianza en las capacidades de las personas permiten al educador establecer relaciones de “servicio”. Nuestro trabajo no consiste en guiar ni en reconducir, no es estimular ni proponer, no es juzgar, en cualquier término, el trabajo de las personas. Nos encargamos de mantener las condiciones de libertad para que el juego pueda perdurar. Estas relaciones de servicio permiten, a las personas centrarse en su tarea y que ésta responda únicamente a sus necesidades.

El grupo heterogéneo

En un grupo heterogéneo cada persona puede encontrar su espacio expresando su originalidad. Reunirse para realizar una tarea con personas de diferentes edades, con diferentes inquietudes y formación, permite que no se establezcan comparaciones y que la tarea se realice a un ritmo propio y según nuestros deseos y capacidades. En un espacio donde lo normal es la diferencia, podemos establecer relaciones auténticas, no competitivas, donde cada uno puede ser quien es sin necesidad de responder a requerimientos externos.

La autonomía

Cuando la persona que asiste no tiene expectativas ni intenciones, no establece ritmos ni programas, ni desconfía de las capacidades de juego y crecimiento de las personas, puede asistir sin emitir juicios y trasmitiendo la certeza de la seguridad. Y así, en un grupo de personas diferentes, la persona que juega, investiga o trabaja, puede conquistar la seguridad de sus verdaderos deseos y capacidades y adueñarse de su aprendizaje. Puede trabajar sin que su tarea se vea condicionada por la búsqueda de la aceptación de los demás, por el miedo a no ser correcto o suficiente. Y así, ser parte y tomar parte en el grupo aportando la riqueza de su diferencia.